El desarrollo web es un campo amplio que trae consigo una atractiva variedad de desafíos diferentes. De hecho, creo que mis compañeros estarían de acuerdo en que una de las muchas cualidades atractivas del papel es su variedad inherente. Cualquier día, un desarrollador puede tener la tarea de: crear el diseño de una nueva página web, solicitar y manipular datos de un servidor, codificar interacciones y animaciones, o uno de muchos otros desafíos interesantes. Esa combinación de responsabilidades requiere que un desarrollador comprenda e implemente una variedad de lenguajes de programación, scripting y marcado diferentes.
Para los no iniciados, una introducción rápida:
En primer lugar, y esencial para la web, está el lenguaje de marcado de hipertexto (HTML), que proporciona la estructura semántica y el contenido de cada página. HTML es el corazón de una página web y nos permite informar al navegador que pretendemos mostrar un párrafo, una lista, una imagen o uno de otros elementos de contenido. Además, el HTML contiene el contenido específico que cada uno de estos elementos debe mostrar al visitante.
Le siguen de cerca las Hojas de Estilo en Cascada (CSS), que nos permiten darle estilo al contenido antes mencionado. Usando CSS podemos cambiar el color del párrafo, ajustar el espaciado de la lista o aumentar el tamaño de la imagen, entre otras muchas posibilidades. Colores de fondo, bordes redondeados, sombras, espaciado entre elementos; Todas estas cosas y más se especifican con CSS. HTML le dice al navegador *cuál* es el contenido y CSS le dice *cómo* debe verse.
Además, a medida que los sitios web aumentan de tamaño y complejidad, normalmente utilizamos una base de datos para almacenar contenido y otros datos útiles. Aquí es donde entran en escena los lenguajes “back-end” o “del lado del servidor”, llamados así porque se ejecutan en el servidor en lugar de en el navegador del visitante. Para ello, existe una variedad de opciones, incluidas Perl, Ruby y ASP, aunque hacemos la mayor parte de nuestro trabajo en PHP, que impulsa plataformas como WordPress, Laravel y Drupal.
Cubierto brevemente todo lo anterior, hoy me gustaría centrarme en Javascript (JS), un lenguaje muy útil y cada vez más flexible. Al igual que HTML y CSS, JS normalmente se ejecuta en el navegador y, tradicionalmente, se ha utilizado con moderación para mejorar la funcionalidad de una página. Esto podría significar alimentar un carrusel de imágenes o mostrar un calendario interactivo. Sin embargo, más recientemente el panorama del desarrollo se ha disparado con marcos JS front-end como Angular, Vue y React cuyo propósito es proporcionar una forma más conveniente y estructurada de implementar JS en el navegador. En la práctica, esto significa una experiencia más fluida e interactiva para el visitante y, al menos en teoría, un enfoque más claro y lógico para el desarrollador web.
Por si fuera poco, JS ha ido ampliando sus horizontes y, al igual que PHP o Ruby, también puede utilizarse como lenguaje del lado del servidor a través de aplicaciones como Node.js. Estos desarrollos han abierto el potencial para tener aplicaciones web completas escritas en JS. Este rápido crecimiento ha provocado un aumento en la demanda de desarrolladores con conocimientos de JS más profundos y amplios. Dado que muchos de los actores más importantes de la web (como Facebook y Netflix) utilizan marcos como React, ha quedado claro que JS llegó para quedarse.
Más información: El papel de JavaScript en el desarrollo web